Por Jaime
¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Miqueas 6:6-8. “¿Qué piede Jehová de mí? Es una pregunta que me he hecho la semana pasada. Tomo muy seriamente el propósito de nuestro viaje aquí y me emociono cuando tengo la oportunidad de compartir la verdad con otros. Sin embargo, a causa de eso, esta última semana descubrí cuán fácil es desanimarse cuando las oportunidades esperadas nunca llegan o cuando las personas con la que hablo parecen no estar convencidas de ninguna manera por la verdad. Una noche en particular me sentía desalentada y el Señor me animó a través de 1 Tesalonicenses 1:3, “acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo…”
Pablo elogió a los creyentes por su obra y labor incesante, y por su paciencia en la espera en Jesús. El Espíritu le dio un codazo a mi corazón y me recordó que no es mi tiempo y poder el que cambiará las vidas. El convencimiento es la obra del Espíritu Santo. Mi parte es simplemente ser fiel en mi andar con Cristo y ser obediente en las tareas que me ha dado a hacer. ¡Qué tal carga la que se fue! Espero con ansiedad lo que Dios vaya hacer estas últimas semanas mientras estamos aquí. Podría nunca ver el fruto de mi labor aquí, pero sé que en Su tiempo y a su modo, el Señor cumplirá lo que desee hacer en las vidas de las personas que he conocido aquí.
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